Este artículo fue escrito por la Psic. Cristina Kennington Westmark y revisado clínicamente por el comité editorial de PSIPRE. ¿Tu relación terminó? Terminar un vínculo afectivo puede generar una tormenta de emociones: dolor, angustia, temor, odio, ansiedad, enojo y culpa. Es común experimentar sentimientos contradictorios; se puede sentir alivio y esperanza por la separación, y …
Este artículo fue escrito por la Psic. Cristina Kennington Westmark y revisado clínicamente por el comité editorial de PSIPRE.
¿Tu relación terminó? Terminar un vínculo afectivo puede generar una tormenta de emociones: dolor, angustia, temor, odio, ansiedad, enojo y culpa. Es común experimentar sentimientos contradictorios; se puede sentir alivio y esperanza por la separación, y al mismo tiempo, mantener un profundo cariño y deseo por la persona con la que se compartió la vida. Estas sensaciones se viven en oleadas de distinta intensidad; definitivamente, decir adiós duele.
¿Por qué duele tanto?
Entender el dolor de una separación puede ser menos angustiante si reflexionamos sobre lo que se pierde en tres dimensiones temporales:
- Pasado: La relación de pareja teje recuerdos. Como explica Sigmund Freud en su obra fundamental Duelo y melancolía (1917), el duelo es la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción que ocupe su lugar (como la libertad o un ideal). Los recuerdos hermosos mantienen viva la “investidura” afectiva en el otro, dificultando que el yo acepte la pérdida.
- Presente: La ruptura modifica la identidad. Ya no se es “la esposa de…” o “el novio de…”. Darian Leader, en su libro La moda negra (2008), sugiere que lo que perdemos no es solo a la persona, sino el lugar que ocupábamos para ella. Al desaparecer la mirada del otro, nuestra propia imagen se desdibuja.
- Futuro: Los proyectos compartidos —viajes, hijos, casa— se desvanecen. El mundo parece romperse porque el futuro que habíamos construido mentalmente ya no existe.
El conflicto interior: Entre el rencor y la culpa
Además de la pérdida, existen factores que dificultan la transición a la soltería y que pueden estancar el proceso de sanación:
- Rencor hacia la expareja: El odio es un vínculo tan fuerte como el amor; mantiene la atención fijada en el otro. Esto ocurre frecuentemente cuando asumimos un papel de víctima, depositando toda la responsabilidad en la expareja.
- Culpa extrema: Es el extremo opuesto, donde nos sentimos únicos responsables del fracaso. Mientras no veamos la relación como una responsabilidad compartida, será difícil construir vínculos sanos en el futuro.
- La incapacidad de estar a solas: Muchas personas sufren de ansiedad ante la soledad por no haber aprendido a hacerse compañía. Aprender a disfrutar de uno mismo es el primer paso para establecer relaciones plenas y no basadas en la necesidad.
El proceso de despedida y el marco clínico
El proceso de duelo suele transitar por fases que no son lineales. El modelo de Elisabeth Kübler-Ross es el más utilizado para comprender este tránsito:
- Negación: “Esto no nos está pasando”.
- Rabia: Dirigida al otro o a uno mismo.
- Negociación: Fantasías de recuperación o intentos de ruego.
- Depresión: Tristeza profunda ante la realidad de la pérdida.
- Aceptación: Reorganización de la vida y aprendizaje.
Desde una perspectiva clínica, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) permite diferenciar un duelo normal de un Trastorno de Adaptación. Se considera que existe una afectación clínica cuando el malestar es desproporcionado a la intensidad del evento o cuando el dolor impide el funcionamiento normal en lo social, laboral o familiar.
¡Cuidado! Señales de alerta
Tu proceso de duelo puede estar detenido o complicándose si:
- Presentas una incapacidad persistente para dejar de llorar o sufrir tras un tiempo considerable.
- Experimentas una ausencia total de dolor (anestesia emocional), lo cual suele ser una defensa ante un impacto psíquico que no se ha podido procesar.
Si te identificas con estos puntos, busca apoyo profesional. Un proceso psicoterapéutico te brindará las herramientas necesarias para transitar este dolor y convertir la pérdida en un espacio de crecimiento personal.
Referencias Bibliográficas:
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). [DSM-5].
- Freud, S. (1917). Duelo y melancolía. Amorrortu Editores.
- Leader, D. (2008). La moda negra: Duelo, melancolía y depresión. Sexto Piso.







